Por qué la lagartija hace flexiones
Una historia encantadora y divertida sobre una pequeña lagartija que quiere bailar como sus amigos los animales, pero que acaba descubriendo la alegría y la fuerza de hacer flexiones. La historia combina humor y un tierno aliento, lo que la hace perfecta para los más pequeños que aprenden sobre la perseverancia y a probar cosas nuevas.
Hace mucho tiempo, la lagartija quería bailar.
Vio al flamenco girar. Vio al mono dar volteretas. Vio al pavo real posar.
—¡Yo también quiero mover el esqueleto! —dijo la lagartija.
Se meneó. Se contoneó. Se tropezó con sus propios dedos.
—Inténtalo más despacio —dijo la tortuga.
Así que la lagartija dobló los codos. Bajó lentamente... y luego subió de un salto.
—Mmm —dijo—. ¡Esto se siente bastante bien!
Lo intentó de nuevo. *¡Abajo... arriba!* *¡Abajo... arriba!*
—¡Oigan! —dijo el búho—. ¿Está haciendo... flexiones?
La lagartija siguió. Bajo el sol. Sobre una roca. Sobre un dedo del pie.
¡Abajo! ¡Arriba! ¡Abajo! ¡Arriba!
—¡Impresionante! —dijo el elefante. —¡Qué duro! —dijo el loro.
Pronto, los animales hicieron fila para intentarlo. La jirafa se quedó atascada a medio camino. El hipopótamo se durmió a mitad de una repetición. La serpiente se meneó y lo consideró una victoria.
¿Pero la lagartija? Siguió adelante: lento, constante, fuerte.
—¿Quién necesita bailar —sonrió—, cuando tengo poder de lagartija?
Desde ese día, la lagartija hacía flexiones cada mañana, solo para sentirse viva.
Y por eso la lagartija hace flexiones: ¡no por diversión, sino por el buen estado físico del bosque!
Pero para que lo sepas, este cuento es por diversión. ¡Las lagartijas de verdad hacen flexiones para presumir, no para hacer ejercicio!
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